Gobierno corporativo: ¿moda pasajera o piedra angular de la sociedad?
El origen de las palabras que usamos cada día en la dirección de empresas
Por qué importa el origen de las palabras
La mayoría de directivos y consejeros utilizan a diario términos como gobernanza, estrategia, política o gestión sin saber de dónde vienen ni qué significaron originalmente. Esto no es un problema menor: cuando no se entiende el significado preciso de una palabra, tampoco se entiende con precisión la responsabilidad que lleva consigo.
Bob Garratt, en el primer capítulo de su obra, nos invita a hacer un ejercicio infrecuente en el mundo empresarial: mirar atrás. No para hacer arqueología lingüística, sino para entender por qué las instituciones y los roles que hoy damos por sentados fueron inventados, con qué propósito y qué consecuencias tiene ignorar ese propósito original.
Para comprender el sistema en su totalidad necesitamos remontarnos unos 300 años en términos organizativos y más de 3.000 años en términos lingüísticos.
Gobernanza: el arte de dar dirección
La palabra tiene más de 3.500 años. Su raíz griega, kubernetes, designaba a la persona encargada de dar el rumbo a una embarcación: quien tiene la visión del destino y guía los recursos disponibles para llegar hasta él.
Esta metáfora del timón no es casual. Gobernar una organización implica exactamente lo mismo que gobernar un barco: ver más allá del horizonte inmediato, gestionar la incertidumbre y asegurar que los recursos escasos se despliegan en la dirección correcta. No basta con mantener el barco a flote hoy; hay que saber hacia dónde navega mañana.
Pero la palabra kubernetes tiene una segunda raíz que la historia del management ha ignorado casi por completo: la cibernética, la ciencia de los sistemas de control y retroalimentación. En términos organizativos, esto se traduce en la capacidad de crear sistemas de aprendizaje rápido que permitan saber si la dirección que se está tomando es la adecuada.
"¿Ya llegamos?" — la pregunta que hacen los niños en el coche es exactamente la misma que hacen los accionistas a su consejo.Parafraseando a Bob Garratt — Fish Rot from the Head
Este aspecto de aprendizaje continuo y retroalimentación constante es, según Garratt, el gran olvidado del gobierno corporativo moderno. La mayoría de los consejos reciben información filtrada, con retraso y en formatos que no permiten una comprensión real de hacia dónde va la organización.
Garratt combina estas dos acepciones — dirección y aprendizaje — para construir lo que denomina el modelo del consejo que aprende: un consejo que no solo fija el rumbo sino que tiene los sistemas necesarios para saber si ese rumbo está siendo el correcto.
El consejo: de la mesa a la institución
La palabra board — consejo en inglés — proviene literalmente de la mesa alrededor de la cual se reunían quienes tomaban las decisiones de dirección. Una imagen sencilla que encierra una idea poderosa: el gobierno es un acto colectivo, no individual.
Las palabras que definen el gobierno corporativo
Garratt dedica una parte importante del primer capítulo a aclarar el significado preciso de los términos que estructuran el gobierno de cualquier organización. La confusión entre estos conceptos es, en su opinión, una de las causas más frecuentes de los fallos en los consejos.
La política corporativa no son las normas de la organización — eso son reglas operativas. La política es la voluntad estratégica de la organización en relación con su entorno: por qué existe, qué valores defiende y en qué dirección quiere moverse. Formular política es responsabilidad exclusiva del consejo, no de los directivos ejecutivos.
La estrategia es el despliegue amplio de recursos escasos para alcanzar un propósito. No es un plan detallado de operaciones — eso corresponde a los ejecutivos. La estrategia implica explorar horizontes inciertos, conectar tendencias del entorno con la capacidad de la organización y tomar decisiones en condiciones de incertidumbre.
La gestión combina la dimensión dura — el control de sistemas y procesos — con la dimensión blanda — el desarrollo de personas y culturas. Los gestores o ejecutivos están ahí para diseñar, instalar y mantener los sistemas de control prudente de la organización. No para formular política ni estrategia: eso es territorio del consejo.
¿Quién es realmente un consejero?
La palabra director — consejero en castellano — designa a alguien con responsabilidad legal estatutaria sobre el rendimiento y la conducta de toda la organización. Es un cargo que en la mayoría de jurisdicciones debe inscribirse en un registro oficial y que conlleva responsabilidad personal ilimitada.
Sin embargo, el término se ha devaluado con el tiempo. En muchas organizaciones se utiliza como título honorífico o de promoción, sin que la persona tenga estatus legal de consejero. Esto es peligroso: bajo el derecho anglosajón — que afecta a casi el 70% de la población comercial mundial — quien se presenta públicamente como director asume las mismas responsabilidades legales que un consejero estatutario, aunque no lo sea formalmente.
Errores frecuentes
- Dar el título sin estatus legal
- Confundir "director ejecutivo" con consejero estatutario
- Creer que los consejeros tienen responsabilidad limitada
- Actuar como representante de un inversor en lugar del interés de la empresa
- No tener seguro de responsabilidad de consejeros
Lo que exige la ley
- Registro formal como consejero estatutario
- Independencia de criterio en cada decisión del consejo
- Lealtad primaria a la empresa, no al inversor que te nombró
- Dos contratos si eres también ejecutivo
- Seguro de responsabilidad civil vigente
Garratt hace una distinción importante entre los llamados consejeros ejecutivos — directivos que también forman parte del consejo — y los consejeros externos — personas ajenas a la organización que aportan perspectiva independiente. Ninguno de estos títulos existe formalmente en la ley: un consejero es simplemente un consejero, con idénticas obligaciones independientemente de si trabaja en la empresa o viene de fuera.
El riesgo particular de los consejeros ejecutivos es que tienden a dedicar el 100% de su tiempo a sus funciones ejecutivas, olvidando que como consejeros deben reservar al menos un 10-20% de su tiempo al rol de dirección: pensar estratégicamente, cuestionar las propuestas del equipo directivo y ejercer su independencia de criterio.
El presidente del consejo: director de orquesta
El presidente del consejo es el responsable máximo del propio consejo como órgano, no de la empresa en su conjunto. Esta distinción tiene consecuencias profundas: el presidente no gestiona las operaciones del negocio — eso corresponde al consejero delegado — pero sí es responsable de que el consejo funcione bien como institución.
Sus responsabilidades incluyen la selección e incorporación de nuevos consejeros, la evaluación anual del consejo y de cada uno de sus miembros, el desarrollo profesional de los consejeros, y la garantía de que el debate en el consejo es abierto, riguroso y bien documentado.
El papel del presidente del consejo se asemeja al del director de una orquesta: sin él, las habilidades individuales de los músicos no bastan para crear algo extraordinario.Parafraseando a Adrian Cadbury, recogido por Garratt
Una de las recomendaciones más claras de Garratt — adoptada en más del 90% de las empresas cotizadas del Reino Unido desde el Código Cadbury de 1992 — es que los roles de presidente del consejo y de consejero delegado deben estar separados. Cuando una sola persona concentra ambos roles, el poder ejecutivo no tiene contrapeso real y el consejo pierde su función esencial de gobierno.
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